Nací y crecí en Lanzarote, en el agua. Empecé a navegar a los 10 años y de joven ya trabajaba en chárter y escuelas de vela. Después vinieron los deliveries entre islas, los saltos a la península y Baleares, y el primer cruce del Atlántico.
Durante más de dos décadas he sido capitán permanente de cuatro grandes veleros privados de hasta 35 metros, navegando con sus familias por el Atlántico, el Mediterráneo, el Caribe y el Pacífico. Eso significa saber gestionar una tripulación y, sobre todo, mantener y reparar todo lo que hay a bordo, lejos de cualquier puerto.